Anoche fuiste mía
Anoche te hice mía y el amor desbordó cada uno de nuestros sentidos. Nos regalamos mutuamente placer, hasta colmar las ganas que el corazón nos exigía.
Tu pasión pudo saciar la sed que padecía la mía, derramando en mi boca, toda tu esencia de mujer.
Pero al despertar en la mañana y no verte a mi lado, comprendí que fue solo un sueño; un sueño tan perfecto como hermoso; un sueño que por un momento creí y sentí tan veraz, que al darme cuenta de la presencia de tu ausencia, mi ansiedad le dió paso a la triste realidad de comprender, que no te tengo y nunca te tuve, pero que si Dios quiere, un día te tendré a mi lado como quisiera.
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