Aquel día en que casi te perdí
No puede existir un sentimiento más amargo, que el que experimenté cuando pensé que te perdía. Todo se precipitó sobre mí, como un mar tormentoso se lanza, cruel y despiadado, sobre una frágil embarcación a la deriva.
Así me sentí; solo, vulnerable; sufriendo por un amor que no busqué, que jamás pensé llegar a sentir, pero que me llena de felicidad y de ganas de vivir. Porque este amor nació natural, algo casi mágico que desbordó mi alma de esperanza, de ilusiones, de sueños y fantasías. Me siento fortalecido por este sentimiento, porque me di cuenta que no tengo un futuro si no es contigo.
Es tanto lo que te necesito, que cada segundo sin tenerte, es una espina que se entierra en mi corazón, dejando heridas que solo cicatrizan, con la maravillosa sensación de tenerte en mis brazos.
Te extraño tanto, que el no verte significa sufrimiento e impotencia; desesperación por no poder compartir lo más hermoso de mi vida con quien amo.
Mi ansiedad por tenerte definitivamente a mi lado, se transforma en una cruel agonía que consume sin piedad todos mis sueños, marcando en forma implacable, el tiempo que falta para lograr hacerlos realidad.
Nunca me dejes; es tanto lo que te quiero, que toda mi vida gira en torno a ti. Eres todo lo maravilloso que un hombre desea encontrar en la mujer que ama.
Por eso, amor de mi vida, espero que tú seas quien comparta todos mis anhelos, mis ilusiones, mis frustraciones, mis sufrimientos; que logres ser el complemento indispensable para conseguir una felicidad plena, esa que se logra sólo cuando dos seres se entregan por completo, a la loca aventura de amarse, cada día de sus vidas, un poquito más.
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