Estoy solo y te extraño
En esta tarde otoñal, el hastío que ocupa mi soledad se suma a esta inoportuna melancolía, para llenar mi entorno, precario y vacío, de recuerdos de ti.
Me torturan las agujas de ese viejo reloj colgado en mi pared, que con su péndulo implacable, consume lentamente los minutos que faltan para verte.
El sol se oculta y las sombras ganan espacio en la fría noche. Los colores más intensos de la tarde, se desvanecen y se van borrando de las retinas de los sorprendidos caminantes; la tristeza gana espacios en la agonía del letargo de esta soledad, rodeada de tanta gente.
El murmullo de los desconocidos castiga mis oídos, que solo sueñan con sentir la melodía de tu voz diciendo “te quiero”.
En la penumbra de este espacio que me rodea, pretendo acercarme a tu presencia, armando un collage de tus imágenes; se humedecen mis ojos, que imploran con premura, ver la silueta de tu cuerpo a mi lado.
Mi pequeño mundo se vuelve egoísta, y absorbe mi alma atormentada por ese amor que está lejos.
Te extraño como nunca, te quiero como siempre.
Te siento en todos lados, en las marcas de nuestra cama, en la almohada con tu perfume, en el frío del invierno y en el calor del verano, en las flores que nacen en primavera y en las hojas que caen en otoño, en esos malditos silencios que me acompañan cada día.
Necesito vagar por nuestros recuerdos para intentar recordarte. Recuerdos que grabamos en un puñado de tardes grises y frías como esta; vivencias que guardamos en la mágica locura de este descarado amor; historias que, con lágrimas y risas, dejamos escritas en nuestros corazones.
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