La traición
La tarde bajaba lentamente su telón de penumbra, pintando de gris todo lo que a su paso alcanzaba.
A Roberto no le quedaba mucho tiempo; corre desesperadamente a la estación con el temor de que su esfuerzo sea en vano. Al llegar ve como el tren se alejaba y con él, como su vida perdía todo sentido.
Cuando el alma abandonaba su cuerpo con el último vagón que dejaba el andén, del otro lado de la vía, su amada lo observa con algo de culpa y la valija en la mano.
Desde aquella lejana cercanía, Silvia puede ver en los ojos de Roberto, la pena que le causó la idea de su propia ausencia.
A pesar de todo, Silvia no pudo cumplir la promesa que se hizo antes de dejarlo; sin olvidar el dolor de la traición, ella lo había perdonado.
El abrazo comienza en sus miradas, separadas por las vías de un tren apenas visible en el horizonte. Paso a paso recorren la distancia que los aleja, con el contacto de sus cuerpos, ese abrazo se vuelve realidad.
Para Roberto, todo había terminado; para Silvia, ya nada sería igual.