Mi Calle

21.08.2018 12:22

Mi calle huele a recuerdos; memoria intacta en años de una infancia lejana y feliz.

Calle de rodillas raspadas y dientes perdidos; de “picados” con arcos de piedra, cancha de dos “paños” y líneas de alquitrán; equipo de amigos con números pintados y sueños de crack que amagaron concretarse y al final, quedaron en algún rincón del olvido.

Historias de amores inocentes, besos escondidos y manos apretadas; bailes en casas de familia, con estricta vigilia paterna y discos de vinilo. 

Mi calle sufre el silencio de niños jugando, ruidos de diversión olvidada; sonidos de la mancha y la escondida, del pique cordón y la rayuela.

Mi calle añora muros sin rejas, donde la charla se hacía risa, el tiempo parecía eterno y  no había horarios ni toques de queda.

En mi calle veías cosas extrañas; princesas sin corona, superhéroes sin capa y villanos que eran buenos; espadas de madera, aviones de papel y futbolitos de botones.      

Mi calle extraña a su gente, la gente del barrio; al “viejo” piola, que cuando faltaba uno, se entreveraba en algún partido de fútbol; a la “vieja” cascarrabias, que pinchaba la pelota cuando por algún despeje o bolea sin rumbo, caía en su jardín y le rompía las plantas. Extraña a la gente que la dejó y se fue para otra calle, y extraña a esa otra, la que se fue y ya no volverá.

En mi calle no había peligro ni gente mala, eran sólo gente del barrio.

Mi calle es mi vida, soy yo y mis recuerdos más lindos; mi calle ha cambiado pero sigue viva y gracias a Dios, yo todavía la puedo disfrutar.