No supe que te perdía
Cuando me dejaste, lloré tu partida; mi alma se perdió en un laberinto de recuerdos compartidos y mi memoria obligó al tiempo a recorrer nuestro pasado juntos, hasta que mis ojos borrosos por las lágrimas, dejaron de distinguir tu silueta alejarse.
Así fue el comienzo del final de nuestra historia.
Mi propia inmadurez, impidió que me diera cuenta que te estaba perdiendo, y cuando lo hice, era demasiado tarde para enmendar todos mis errores.
A partir de ese momento, mi mundo se transformó en un naufragio, un barco que poco a poco, comenzó a hundirse en el mar del desconsuelo, a la deriva y sin un rumbo cierto.
Mi mente comenzó a recorrer un camino sin retorno, del que regresar no era una opción y su destino inevitable, era la locura.
Si pudiera volver el tiempo atrás, lo cambiaría todo. Dejaría de lado mis absurdas prioridades, para que solo tú fueras lo más importante en mi vida.
Si tuviera la oportunidad de volver a empezar, no regalaría ni un segundo lejos de ti; me volvería tu sombra, el espejo donde pudieras verte cada vez que lo necesitarás; te daría todo mi tiempo y más.
La miseria que hoy acompaña mi soledad, es el resultado lógico de mi estupidez.
Mi pecado, darme cuenta demasiado tarde, cuánto te necesito y lo importante que eres para mi existencia; mi condena, el dolor de haberte perdido para siempre, y eso, lo voy a pagar cada día del resto de mi vida.