Quién iba a imaginar...
Ni Nostradamus con sus famosas profecías, ni Merlín con el enorme poder de su magia, ni Pitágoras con la exactitud de las matemáticas, fueron capaces de imaginar la importancia del acontecimiento ocurrido un día como hoy, pero hace exactamente 36 años.
Ese día, de alguna manera, un hombre supo que era especial, porque tuvo la certeza de que ese día Dios había puesto en el mundo a la mujer que él siempre imaginó, la mujer de su vida.
Y a partir de ese momento comenzó su búsqueda; una búsqueda amparada en la firme convicción de que ni la montaña mas alta, ni el mar mas extenso, ni la tormenta mas violenta, podrían evitar que la encontrara.
Y la amó desde ese mismo instante, aún sin conocerla, sin saber su nombre ni como era; sin saber cuánto tiempo pasaría antes de poder tenerla a su lado; él solo imaginó amarla, sin saber que llegaría a amarla tanto.
La esperó con infinita paciencia y mesurada calma, hasta que la ansiedad de la cuenta regresiva hacia su encuentro, lo obligó a imaginarla a su lado; imaginó el día de su encuentro, su primer beso, su primera noche de amor junto a ella.
Y su corazón dio el aviso, había llegado el momento de compartir su vida con ella; entonces apuró la búsqueda y en su afán por encontrarla, recorrió su pasado sin perder de vista su presente y sin dejar de imaginar un futuro juntos. Y sufrió, porque podía ver su figura, podía sentir su piel, podía oler su perfume, pero aún no podía alcanzarla.
Y convivió mucho tiempo con la tristeza, recorrió el camino junto a la locura y compartió sus noches con la soledad; pero él nunca se dio por vencido, nunca dejó de soñar con ella, jamás dejó de imaginarla a su lado.
Y tan grande fue su deseo por hacer realidad ese sueño, que un día despertó y ella estaba a su lado, tal como siempre lo había imaginado.
Tuvieron que pasar 24 años de silenciosa espera, para que esa realidad que él imaginó un día, se transformara en parte de su propia historia, una historia de amor sin igual.
Sin despertarla, recorrió en silencio la belleza de su cuerpo, la acarició con ternura y la besó tímidamente, luego cerró los ojos y volvió a dormir, intentando perpetuar ese momento sublime para amarla eternamente.
Y por eso, hace 12 años que vive inmerso en un hermoso sueño, un sueño que un día solo él se atrevió a imaginar, porque lo que Nostradamus no pudo profetizar, ni Merlín pudo crear, ni Pitágoras pudo calcular, por amor, él fue capaz de imaginarlo y luchar hasta un día, transformarlo en la mas hermosa de las realidades.
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